¿Qué revisar en un frigorífico usado?

Un frigorífico es el único electrodoméstico de la casa que no se apaga nunca. Eso cambia por completo cómo hay que mirarlo cuando se compra de segunda mano: no basta con que enfríe el día que lo pruebas, tiene que enfriar igual dentro de tres años y sin disparar la factura.

La buena noticia es que casi todo lo que puede fallar en una nevera usada se detecta en diez minutos, con la mano y el oído. Esta guía recorre esas comprobaciones en orden, desde lo que ves nada más abrir la puerta hasta lo que solo aparece en la placa de características.

En resumen

●     Prueba el cierre con un papel: si sale sin resistencia, la junta no sella y el compresor trabajará de más.

●     El compresor debe arrancar y parar por ciclos. Un zumbido continuo que nunca cesa apunta a pérdida de gas.

●     La etiqueta energética antigua engaña. Desde 2021 la escala va de A a G, y un A+++ de hace diez años puede corresponder hoy a una C o inferior.

●     Comprado a un profesional, tienes tres años de garantía legal, reducibles a un mínimo de un año solo si se pacta de forma individualizada.

●     Mide el hueco antes de ir a verlo, incluida la apertura de puerta y unos centímetros de holgura por detrás.

Qué mirar antes de enchufarlo

El cierre de las puertas

Es la comprobación que más devuelve por el tiempo invertido. Coloca un billete o una hoja de papel entre la goma y el marco, cierra y tira. Si el papel sale sin oponer resistencia, la junta ha perdido el cierre.

Una goma cristalizada, con grietas o con moho negro incrustado se cambia, y no cuesta mucho. El problema es otro: si el frigorífico lleva meses cerrando mal, el compresor ha estado funcionando más horas de las que le tocaban. Ese desgaste sí viene incluido en el precio.

Repite la prueba en tres puntos de cada puerta: arriba, en el centro y abajo. Las juntas suelen fallar primero por la esquina de la bisagra.

El interior

Abre y huele. Un olor a cerrado desaparece con limpieza. Un olor dulzón o químico, no.

Después revisa lo que se rompe con el uso diario:

●     Baldas de cristal y cajones. En modelos descatalogados, una balda de repuesto puede costar más de lo que crees. Si falta alguna, busca el modelo en internet antes de negociar el precio.

●     El desagüe del panel trasero. Es un agujero pequeño en la parte baja del compartimento de frescos. Si está obstruido, aparecerá un charco bajo el cajón de las verduras.

●     La bandeja del congelador. Escarcha acumulada en un aparato No Frost no es normal: o el sistema de desescarche no funciona, o alguien lo apagó y volvió a encender muchas veces.

La parte de atrás

Aparta el frigorífico de la pared. Buscas óxido en la base, tubos abollados y una capa de polvo compacto en el condensador. El polvo se limpia. Los tubos golpeados son otra historia, porque ahí es por donde se escapa el refrigerante.

Localiza también la placa de características, que suele estar dentro, en el lateral junto al cajón inferior. Apunta el modelo y el consumo anual en kWh. Los vas a necesitar en el siguiente paso.

Cómo saber si consume demasiado

El problema de las etiquetas antiguas

Aquí es donde mucha gente se equivoca de buena fe. Un frigorífico de 2013 con un adhesivo A+++ parece una compra redonda, pero esa letra ya no significa lo mismo.

En marzo de 2021 entró en vigor una escala nueva que elimina las clases A+, A++ y A+++ y vuelve a un rango de A a G. El cambio no fue cosmético: los métodos de ensayo también cambiaron, de modo que, como explica el IDAE al detallar el reescalado del etiquetado energético, un aparato clasificado como A+++ con el sistema anterior puede corresponder ahora a una clase B, C o inferior. El frigorífico consume lo mismo que siempre; lo que ha cambiado es la vara de medir.

Comparativa entre la escala energética antigua con clases A+++ y la escala actual de A a G

Por eso el dato útil no es la letra, sino los kWh anuales de la placa.

La cuenta que sí sirve

Con el consumo anual en la mano, la comparación es directa. Un modelo de 350 kWh al año frente a otro de 200 kWh supone 150 kWh de diferencia. Multiplica esa cifra por lo que pagas por kWh en tu factura y tendrás el sobrecoste anual. Con precios domésticos habituales, salen entre 20 y 30 euros al año.

Parece poco. En seis años de uso son entre 120 y 180 euros, que es lo que a veces separa una nevera usada barata de una en mejor estado.

Si la placa está borrada o falta, busca el modelo en el buscador del fabricante. Para aparatos vendidos en la Unión Europea a partir de 2021 también puedes consultar la base de datos europea EPREL escaneando el QR de la etiqueta.

La prueba con el aparato en marcha

Pide que esté enchufado y frío antes de que llegues. Un frigorífico que acaban de conectar no dice nada: tarda varias horas en estabilizarse.

Con el aparato en régimen, comprueba tres cosas:

1.   El ciclo del compresor. Debe arrancar, sonar unos minutos y pararse. Si zumba sin descanso durante toda tu visita, sospecha de una fuga de refrigerante o de un termostato averiado.

2.   La temperatura real. Un termómetro de cocina de cinco euros zanja la discusión. En la zona media de frescos deberías ver entre 4 y 5 °C, y en el congelador cerca de -18 °C.

3.   El ruido. Un chasquido al arrancar y parar es normal. Un traqueteo metálico continuo o una vibración que hace bailar el aparato no lo son.

Un detalle que se olvida: abre el congelador y comprueba que el cajón corre. Si está pegado por hielo, alguien ha querido disimular una avería de desescarche con un descongelado rápido la noche antes.

Garantía, factura y devolución

Comprar a un particular y comprar a un comercio no se parecen en nada, y la diferencia es jurídica, no de trato.

El Ministerio de Derechos Sociales y Consumo recuerda los derechos en la compra de bienes de segunda mano a empresas: la garantía legal es de tres años, también para productos usados y reacondicionados. Ese plazo puede reducirse, pero nunca por debajo de un año, y con una condición que conviene conocer: el acuerdo tiene que pactarse de forma individualizada y no puede estar escondido en las condiciones generales de venta.

De esa misma nota salen dos ideas prácticas:

●     Si compras a distancia, dispones de 14 días para devolver sin justificarte, aunque el producto sea de segunda mano.

●     Entre particulares no hay garantía, ni siquiera cuando la operación se cierra a través de una plataforma de anuncios.

Pide factura, no un recibo escrito a mano. Es el documento que necesitarás si a los cuatro meses el compresor se planta.

Esa es la diferencia que no aparece en la etiqueta del precio. En un catálogo de frigoríficos de segunda mano de un comercio, además del aparato compras la revisión previa, la factura y alguien a quien reclamar cuando algo falla.

Medidas, transporte y puesta en marcha

Mide el hueco antes de moverte de casa. Alto, ancho y fondo, más el espacio que necesita la puerta para abrirse del todo, más unos cinco centímetros por detrás para que el condensador ventile. Un frigorífico encajado a presión contra la pared consume más y dura menos.

Comprueba también si las bisagras son reversibles. Cambiar el lado de apertura es sencillo en muchos modelos y resuelve una cocina estrecha.

Para el traslado, la regla es corta: de pie siempre que se pueda, y si viaja tumbado, deja el aparato en vertical al menos cuatro horas antes de enchufarlo. Un día entero si el viaje fue largo. El aceite del compresor necesita volver a su sitio, y encenderlo antes de tiempo es la forma más rápida de estropear una nevera que estaba perfecta.

Una vez conectado, dale entre seis y ocho horas antes de llenarlo.

Cuándo dejarlo pasar

Hay señales que no compensa negociar:

●     Óxido perforante en el chasis o en el interior del congelador. No es estético, es estructural.

●     Escarcha en un No Frost que el vendedor no sabe explicar.

●     El compresor no para nunca después de varias horas encendido.

●     Falta la placa de características y el modelo no aparece por ningún lado.

●     El precio está muy por debajo del mercado y no hay factura ni posibilidad de probarlo enchufado.

En En€fectivo revisamos y probamos cada aparato antes de ponerlo a la venta, y lo entregamos con factura y garantía. Si tienes dudas sobre un modelo concreto, quieres que te digamos si el hueco de tu cocina da para él, o quieres vender el frigorífico que vas a sustituir, escríbenos y te lo miramos sin compromiso.

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